En el año 1990, la inquietud de los hermanos Arcega, por acercar los beneficios que el deporte y sus valores aportaron a sus vidas, a los niños de nuestra comunidad, aprovechando el tirón y la influencia que el fulgor de sus carreras deportivas ejercían, les movió a realizar un campamento de verano, en el que se enseñara la técnica del baloncesto, se practicara el deporte y la convivencia, y se educara en valores fundamentales para la vida. Esta familia radicada en Ainzón, comarca del campo de Borja, conocía bien las instalaciones del Seminario Menor de Tarazona, y no tardaron en darse cuenta de la idoneidad de las mismas, y del abanico de posibilidades y comodidades que ofrecía para su propósito una instalación así. En un entorno protegido, pero abierto, libre pero seguro, natural y cómodo, se podía convivir durante 10 días con todo al alcance. Instalaciones para la práctica deportiva de primer nivel y al aire libre, estancia cómoda y tranquila, servicio de comedor, proximidad con ambulatorio sanitario,… diseñado para tal propósito, difícilmente se hubiera conseguido una instalación igual de adecuada. Es por esto que no tardaron en poner en marcha su proyecto, que durante una época del mes de Julio les permitiría desconectar de la presión de sus carreras deportivas, y disfrutar con los niños, más todavía de lo que estos disfrutaban con sus ídolos, trasmitiendo a la vez la importancia que el deporte tiene en la formación de la persona, se llegue o no a destacar en la élite y a dedicarse profesionalmente al mismo.

En el año 1995, Narciso Juliá, futbolista destacado del Real Zaragoza, valoró lo positivo de la experiencia, y las magníficas condiciones que ofrecía el recinto, y pensó que era obligatorio aumentar la oferta de tan beneficioso proyecto a niños y niñas que jugaran a fútbol, no sólo a los del Baloncesto. Y tan de acuerdo estaba con los hermanos Arcega en lo positivo de afianzar los valores de una empresa tal, que enseguida se unió al barco, y los ampamentos de verano ampliaron sus activdades también al fútbol. Unos años después Narciso debió, por motivos de trabajo, marchar lejos de Aragón, y otro deportista de altísima trayectoria, e igual preocupación por el desarrollo de las personas a través del deporte, recogió gustoso el testigJesús Solana, Chucho. Se acercó un fin de semana a ver como se hacían las cosas, y desde entonces no puede prescindir de la experiencia de trasmitir y compartir los valores que el deporte le aportó durante el verano.

Así pues, durante estos ya veintidós años, los Campamentos de verano deportivos de Fútbol y Baloncesto de Chucho Solana y los hermanos Arcega, se han consolidado como un referente en lo que a campamentos deportivo educativos se refiere. Ayudados por un equipo de monitores profesionales de la educación y plenamente comprometidos con la filosofía del proyecto de educar y divertir, avalados por dos décadas de experiencia, preocupados por la seguridad, el bienestar, y el aprovechamiento de la actividad no sólo a nivel deportivo, si no en cuanto a la experiencia de convivir con compañeros de tu edad, de ser un poco independientes de los padres, pero bajo la ayuda de los monitores, y de adquirir unos valores como la responsabilidad, el compromiso, el esfuerzo, el sacrificio, el compañerismo, la cooperatividad, el afán de superación,… que el deporte trasmite, han continuado año tras año realizando su campamento, pese a haber abandonado ya sus carreras deportivas, porque la esencia del campamento de verano, es el deporte, como actividad, siendo un valor a acercar a los niños, para que sea una herramienta en su formación como personas.